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jueves, 11 de julio de 2013

Abres los ojos...

Y es entonces cuando una mañana, te despiertas, te levantas con la misma rutina ante ti, con más tiempo del que necesitas, acostumbrado a otros quehaceres, nada parece alterar el curso de las cosas. Pero en ocasiones llamémoslo destino, providencia, o cualquier otro término empleado en cualquier otra cultura,   impone un cambio en esa rutina. Es entonces cuando abres los ojos y la ves...una sucesión de reacciones químicas derivadas de la visión de una imagen, que estimulan tú cerebro, indicándole a tú corazón..."Acelérate". Y lo sientes latir con fuerza, pero no es suficiente pides más, esa sensación de vacío en tu interior te hace sentir vivo, te aferras a ella y comienzas a llamar a cada uno de los recuerdos que albergas en tú interior. Quizás aquel primer día en el que la vistes por primera vez, deseoso de besarla, temeroso de no volver a verla más, y late y late, quizás fuese su sonrisa, quizás su forma despreocupada de ver las cosas pero te hacía formar parte de algo y te encantaba, sigue latiendo...Un cierto día en el que tú caprichosa, deseando que no me marchase nunca, olvidastes mencionarlo y me fui, sin saber que en el fondo deseabas abrazarte a mí y no separarte nunca, pero jamás lo llegué a oír...late y late...Quizás un día en el que no conseguimos nuestro beso de película, pero me supo a mucho más, por que fue un beso muy tuyo, un beso muy mío, no quería dejarte respirar...y sigue latiendo...Mientras otro recuerdo latente surge a la superficie, aquella mañana en una playa, cómo nos pudimos querer tanto, yo deseaba besarte y tú deseabas que no parase...late y late...Un día que quizás debió durar más de unas pocas horas, un día que quizás debió parar el tiempo, un día en el que te sentía abrazada a mí, yo me iría y no nos veríamos, necesitaba decirlo, necesitabas o irlo, y sin pensarlo, mi corazón se reveló contra mi razón..."Te quiero"...y sigue latiendo...entonces cierro con fuerza los ojos, y los vuelvo a abrir, y te veo desde el otro lado de la calle sonriendo alegre, despreocupada, no puedo evitar sentir la tentación de saludar, pero recuerdo que quizás ahora no estoy ahí para nublar tus pensamientos, para hacerte dudar, y sinceramente te veo feliz y entonces respiro hondo, y en esa fracción de segundo aspiro todos mis pensamientos, recuerdos, todos mis sentimientos, y los guardo dentro mí. Y mientras escucho tú voz, sigo mi camino, calmando mi corazón, invirtiendo aquellas reacciones químicas y volviendo a cerrar los ojos, porque sé que al abrirlos, ya no habrá más latidos...

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